lunes, 12 de noviembre de 2012

Coincidencia

Nervios tuyos, míos, me transmites más y aparaces y caminas rápido, como si quisieras escapar y te pones de perfil y te voy entresacando cosas y a veces no cuesta y a veces sí, y siempre me da igual porque me gusta trabajar la situación. Y nos paramos frente a la Catedral del Mar y la miras y me confiesas secretos, gustos y por fin te sientas delante, y por fin bromas, y por fin salimos, y por fin el abrazo, el beso, el fundimiento.

Elevo tu cuerpo ligero, entre la oscuridad, la música y la gente, y te miro desde abajo, hacia arriba, como el devoto que mira la representación de su fe. Y me da por besar, no sé porqué, tu vientre, como si de una premonición se tratara, como si quisiera que allí se albergara lo que quisiera compartir contigo algún día; nuestra semilla: tuya, mía. Y no veo nada, sólo a ti, a tu cuerpo, que toco, y tú el mío, y dónde estará la gente, y a quién le importa.

Voy derribando tus muros y te veo cara de ansia, de ganas por besarme, y nos pasamos minutos que parecen horas mirándonos a los ojos... miel, dulce, tus pecas, tu peca más hermosa, la de tu nariz, tus labios finos, de rojo natural, de normalidad. Y dejamos que pase un tren, dejamos que pase otro "¿por qué no pasarán todos?" pienso. Y te medio enfada que tu tren tenga como destino un lugar que nos recuerda a cosas feas y pasadas.

Y te me vas y ya es de día y ahora ni siquiera puedo recordar bien tu cara.

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