Las cosas pasan deprisa, son varias, pero hay momentos de
parón, tal vez provocados por una jugarreta del random del reproductor –cosas a
las que uno se arriesga- que hacen transportarme momentáneamente a otros días,
aquellos en que se vivía en la fantasía y la mentira y que resultaban
superficialmente tranquilizadores, todo a un coste demasiado elevado. Y a pesar
de la grandeza asimilada, de la aculturación de la seguridad, de la elevación
de su ser a lo prosaico y otros actos heroicos, empequeñezco durante cinco
minutos veintiún segundos.
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